Qué es la conciencia ecológica.
A partir del momento en que el hombre comenzó a apropiarse de la
naturaleza para darle forma a sus necesidades y caprichos, los ecosistemas de
todo el planeta dieron su respuesta ante este tipo de abusos, a través de
consecuencias negativas como la contaminación y la pérdida de biodiversidad.
Hoy en día podemos conocer, a través de los medios de
comunicación, todas las noticias referentes al
cambio climático. Pero ante la inevitable realidad ¿cuántos de
nosotros nos sentimos responsables -y actuamos en consecuencia- por los daños
que estamos causando al planeta?
Justamente, tener
conciencia ecológica es entender que somos dependientes de la
naturaleza y
responsables por su estado de conservación. Ignorar esta verdad equivale a
autodestruirnos, porque al degradar el medio ambiente estamos empeorando
nuestra calidad de vida y poniendo en peligro el futuro de nuestros
descendientes.
Al contrario de lo que se podría pensar, desarrollo económico y
conciencia ecológica no tienen por qué ser antónimos. Se puede producir de manera sustentable,
fomentar la generación de energías limpias, reducir y reciclar la basura y
reutilizar un gran número de materiales que producirán nuevos productos útiles
para el día a día del hombre moderno.
Es cierto que la conciencia ecológica debe comenzar en el seno del
hogar, pero debe extenderse a todos los ámbitos de
nuestra existencia: simplemente
porque todas nuestras acciones inciden -de manera positiva o negativa- sobre la
naturaleza.
- 1. Toma de conciencia. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a que adquieran mayor sensibilidad y conciencia del medio ambiente en general y de los problemas.
- 2. Conocimientos. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir una comprensión básica del medio ambiente en su totalidad, de los problemas conexos y de la presencia y función de la humanidad en él, lo que entraña una responsabilidad crítica.
- 3. Actitudes. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir valores sociales y un profundo interés por el medio ambiente que los impulse a participar activamente en su protección y mejoramiento.
- 4. Aptitudes. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir las aptitudes necesarias para resolver los problemas ambientales.
- 5. Capacidad de evaluación. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a evaluar las medidas y los programas de educación ambiental en función de los factores ecológicos, políticos, sociales, estéticos y educativos.
- 6. Participación. Ayudar a las personas y a los grupos sociales a que desarrollen su sentido de responsabilidad y a que tomen conciencia de la urgente necesidad de prestar atención a los problemas del medio ambiente, para asegurar que se adopten medidas adecuadas al respecto.
Si y solo si, todos hacemos un poco, se dice, el resultado agregado será un medio ambiente más saludable para la vida humana. Otros argumentan que, en el caso de los países pobres, es una locura preocuparse por la protección y conservación de la flora y fauna que nos rodean, así como de los demás recursos naturales, pues el desarrollo económico requiere la explotación de todos estos “insumos” para generar riqueza, que eventualmente será repartida por medio del mercado y alguna ayuda del Estado (aunque no necesariamente de manera equitativa). Los que se oponen a esta visión desarrollista son llamados de manera despectiva como “eco-histéricos” o “neo-comunistas” (verdes por fuera, pero rojos por dentro).
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